En una época en la que el desarrollo de un videojuego se parece cada vez más a la producción de una película, en ocasiones la esencia de lo que debe ser un videojuego queda de lado: un videojuego debe ser divertido. Alardes tecnólogicos, guiones dignos de una superproducción de Hollywood, fichajes estrella en el doblaje… son tendencias de los últimos años que se quedan en pleno artificio si la jugabilidad y la diversión no acompaña. Epic Games y Electronic Arts nos traen Bulletstorm, un título que no será recordado ni por su argumento ni por ser una revolución tecnológica, pero si que es tremendamente divertido.

La historia está localizada en pleno siglo XXVI y tomamos el papel de Grayson, un soldado de élite de la Confederación. En una misión (que en el juego hará las veces de tutorial), descubren la falta de escrúpulos de su superior, el general Sarrano, que los ha enviado a matar a civiles inocentes. Años más tarde, ya convertidos en mercenarios, se encuentran con la Ulysses, nave principal de la Confederación y Grayson decide atacarla de forma suicida. El resultado es que acaban en un planeta perdido, lleno de criaturas extrañas y toda la tripulación de Grayson queda destruida, a excepción de Ishi que, debido a sus heridas, debe sobrevivir siendo mitad hombre, mitad máquina.
Y hasta ahí todo lo que nos puede ofrecer el argumento, porque la historia después no da ni media vuelta: intentar abandonar el planeta y de paso acabar con Sarrano que también se encuentra en el planeta.

Nos encontramos con un FPS con desarrollo lineal, por lo que nos encontramos ante un título de acción directa, un arma de doble filo, porque tiene el peligro de caer en la monotonía, algo que en este juego en concreto se salva con prestancia. Aparte de nuestras armas principales, nuestro protagonista cuenta con un látigo que se controla mentalmente y que nos permitirá alcanzar y acercarnos tanto a objetos, como a enemigos. Por otro lado, otra forma básica de ataque será la potente patada de Grayson, que nos permitirá tanto abrirnos paso ante obstáculos, como directamente para abrir la crisma a un enemigo.
Para ser sinceros, el uso del látigo y la patada no son indispensables. Simplemente a base de metralla podríamos acabar con el juego, pero ahí entra uno de los aciertos del juego. Según el “estilo” con el que acabemos con los enemigos, se irán acumulando puntos, que luego podremos canjear por nuevas armas y mejoras. De esta manera, no será lo mismo abatir a un enemigo con un un simple disparo, que atraerlo con el látigo hacia nosotros, darle una patada y que se quede clavado contra un cactus. De esta manera, intentaremos realizar ataques cada vez más originales y que el propio juego nos propondrá como elementos desbloqueables.

Por otro lado, el peligro de monotonía se evita intercalando otro tipo de niveles, como pueden ser los de manejar un arma desde un vehículo, lo que ayuda a seguir el juego con buen ritmo. Por último, la existencia de cinco niveles de dificultad, nos ayuda a crearnos un nuevo reto cada vez que reiniciamos el modo Campaña.
A nivel técnico nos encontramos con un trabajo solvente. Son destacables los escenarios, amplios a pesar de la linealidad y con un gran trabajo de diseño. Podría haber sido mejorable las colisiones con ciertos elementos del entorno (sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de colisiones que provocan las patadas), pero aún así se ha hecho un buen trabajo.
Más decepcionante es el diseño de los enemigos, ya que nos encontraremos con un ejército de clones poco justificado viendo el acabado general del producto. Otro punto a destacar son las escenas cinemáticas, de gran calidad, pero que al no realizarse íntegramente con el motor del juego, deja una pequeña sensación de falta de continuidad. El juego se completa con un apartado sonoro que cuenta con un doblaje extraordinario, y una banda sonora que acompaña perfectamente al juego.
En definitiva, una buena opción para aquellos jugadores a los que solo les preocupa pasar un buen rato jugando y que no se deja impresionar por el artificio típico de los títulos de los últimos años.
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